Aroa es un torbellino. Te hace sentir como en tu casa desde el primer segundo. Ese buen rollo, y la tapita gratis, son solo algunos de los ingredientes de El Rincón de Aroa (Foto: Zona Henares)


  • Zona Henares

Aroa es un torbellino. Pura energía positiva. Te hace sentir como en tu casa desde el primer segundo. Ese buen rollo, y la tapita gratis, son solo algunos de los ingredientes de El Rincón de Aroa, un local que apenas lleva un mes abierto en Coslada pero que tiene alma: el que derrocha esta vasca de sonrisa infinita. 

¿Cómo surgió la idea de El Rincón de Aroa? 

Pues yo vivía en Vicálvaro y me encantaba Coslada. Una zona de gente joven. Mi idea siempre ha sido tener mi local en Coslada y encontré este. Me gustó mucho. Era pequeñito por dentro, era muy cuco, una terraza amplia, el parque enfrente, los niños…

¿Cuánto tardaste en montarlo?  

Tenía las ideas muy claras y en una o dos semanas lo tenía todo listo. Quería la fachada negra, porque llama más la atención. Después le puse los cartelitos naranjas, porque destacan… y puse un pincho en el cartel con colores españoles. Está todo puesto al detalle, con mucho amor. 

¿Qué ambiente pretendes crear aquí? 

Pues de todo un poco. Juventud, mayores, papás, mamás… me han venido bodas, comuniones. 

¿Cuál es tu filosofía? 

Pues mira, aquí lo que yo fomento es que todo el mundo esté a gusto… y que tenga su tapita gratis. Luego tienes tus raciones, bocadillos, menús del día, hago mucho por encargo… porque en el Google Maps aparece mi teléfono. Luego el mojito, la especialidad de la casa. 

¿Cuál es vuestro horario? 

De 9 y media de la mañana hasta que me dejen. Hasta que la última mesa se me vaya. Lo único que quiero es que esté todo el mundo a gusto y bien.

¿Y qué ayuda tienes? 

Pues mira, ahora estoy yo sola con una cocinera, que es la que me hace las tapitas. Está de 13 a 16 horas. Me gusta que esté todo listo y preparado para atender a los clientes en el momento.

Vamos, que es El Rincón de Aroa casi literalmente… 

Jajajaja… sí sí. Lo guisa otra, pero es casi un yo me lo guiso y yo me lo como. Yo limpio, recojo, organizo, hago los pedidos, hacemos tres tapas diferentes cada día… aunque aquí el punto fuerte son las patatas con ali oli, la oreja, el adobado del pincho… y estoy fabricando una salsa Aroa para las patatas. 

Eres innovadora hasta en el más mínimo detalle.

Sí, sí. Jamás me rindo ante las adversidades… y siempre con una sonrisa. 

¿Y cuándo viniste aquí? 

Pues me trajeron mis padres con cuatro años. Yo soy vasca. Mis padres eran empresarios y la situación que había en el País Vasco les obligó a trasladarse a Madrid. Con 17 años me fui a Barcelona y, a los cinco años de estar allí, monté mi propio restaurante en plenas Ramblas y en plena crisis de 2008. Yo siempre he mamado la hostelería, pero nunca he trabajado con mis padres. Cuando me fui con 17 años a Barcelona, empecé a trabajar en un mejicano. Vino mi padre a firmar los papeles para que yo pudiera trabajar. Yo vivía en una habitación y me acordaré toda mi vida: tenía tres mudas y con ellas trabajé durante dos años. No me gastaba el dinero, era hormiguita. Y con 22 años dije ‘esta es la mía’ y monté un restaurante con flamenco todos los días, rumba catalana…

¿Y por qué lo dejaste y te viniste aquí? 

Por la familia, por mis sobrinos. Vine hace cuatro años a Madrid y, desde entonces, he permanecido a la espera hasta encontrar algo que me gustase realmente. Buscando un bar que me picara. Y encontré esto en plena crisis hace un año. 

Vas de crisis en crisis, por lo que veo…

Cuando hay crisis y tú tienes un poquito de algo, te puedes agarrar a algo porque es más barato. Este local habría sido imposible sin la crisis. Vi este local por internet hace un mes y poco. Tarde dos semanas en agilizarlo todo, pagué un arquitecto… 

¿Y cómo va El Rincón de Aroa?

Pues no me puedo quejar, porque ha sido muy bien recibido. Las redes sociales han sido muy importantes. Me han hecho mucho bien, porque cuando me viene alguien hace fotos del plato, y luego yo la cuelgo en el Facebook. Y eso gusta muchísimo. Y son fotos de la clientela. 

¿Y cuál es el mayor reto al que se enfrenta a diario una emprendedora como tú? 

Pues no perder nunca la paciencia, porque te puede llegar cualquiera e intentar chafarte el día. Pero yo trato a todo el mundo siempre con humor. Y al final to el mundo se va contento. 

¿Y has recibido el apoyo de la Administración?

No. Nada de nada. Ninguna ayuda, ninguna facilidad. Tengo 36 años y ahora no tengo ayudas. Con 20 años sí me ayudaron. Pero hoy en día nada de nada. 

Vamos, que todo lo que has montado ha sido con tu patrimonio…

Todo, hasta la última silla. 

¿Y tampoco ha habido ayudas por la pandemia? 

Durante 2020 la terraza era gratis. Pero ahora yo estoy pagando 100 euros al año por mesa de la terraza. Tengo nueve mesas entre semana y 15 los fines de semana. 

¿Y cómo crees que va a evolucionar tu negocio a medida que la pandemia vaya mejorando? 

A mejor, seguro. Ahora estamos con la mascarilla, distancias, restricciones… pero cuando la pandemia desaparezca, plena confianza. Hay Rincón de Aroa para rato… pese a la falta de ayudas, a las dificultades. Voy a echar raíces en Coslada… y cuando uno invierte lo poco que le queda en algo es para ir a mejor, no lo dudes. Al principio cuesta. Sólo abrir la persiana cuesta dinero, pero yo quiero que los clientes vuelvan. No me vale con que vengas una sola vez. Y para eso hay que cuidarlos al máximo. Y yo lo hago. 

¿Qué le dirías a una persona que no se atreve a dar el paso a emprender? 

Que no se acomode. Que se atreva. 


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